Comer y cantar, todo es empezar

NOTA: Esta entrada fue escrita como colaboración para el blog de Errr-Magazine: http://errr-magazine.com/comer-y-cantar-todo-es-empezar/

Hace pocas semanas acepté oficialmente que perdí a mi mejor amigo. Me tomó meses darme cuenta que estaba triste y que me enojaba cada vez que me venían a la cabeza nuestros chistes locales, chismes y fines de semana que ya no podíamos compartir. Después de la intervention de otra querida amiga no me quedó más remedio que echarle de nuevo ganas a la vida, mi primera salida a comer después del episodio tenía que ser grandiosa. Con Andrea llevábamos meses planeando ir al “Coreano”, restaurante del que escuché desde los tiempos en que solía ir a La trampa y que era famoso por sus carnes argentinas, guarniciones y karaoke coreanos, todo en uno. Andrea contaba la historia de un amigo de ella que un día pidió el día libre en su trabajo para poder ir ahí a comer tranquilamente, ¿cómo puede a uno no antojársele un lugar así?

Convocamos a una comitiva de 12 comensales y llegaron 15, nos sentamos en una mesa larga en el cuarto del fondo. La cosa funciona así: las meseras llegan con la carne ligeramente cocida y la ponen en las parrillas que se instalan sobre el carbón en los huecos de las mesas para que uno las cocine al término que quiera, puedes pedirles cortes específicos. Mis favoritos: las mollejas, el tocino (corte grueso), la costilla en una marinada dulce coreana y la barra de ensaladas que incluye muchas verduras y platillos vegetarianos coreanos como el típico kimchi (fermento a base de col china con ajo o cebolla, sal y chile molido), ejotes con ajonjolí, ensalada de germen de soya, kimbap (rollos de arroz, algas y otros ingredientes, parecidos al maki japonés, una gran diferencia es que el arroz no lleva vinagre sino aceite de ajonjolí), entre otros. Como no había nadie en nuestra área, uno de los comensales se animó a agarrar el micrófono y a elegir un par de canciones, a la media hora ya cantábamos en tríos o cuartetos con dos micrófonos, y seguíamos comiendo y bebiendo. Uno de los dueños fue a prendernos las luces laser y la esfera de espejos, bajo las cuales brillaron las interpretaciones de Vania y Onnis. Tanto los meseros como los clientes del restaurante fueron muy pacientes con nosotros y gracias a ellos pasamos una tarde deliciosa durante la cual, finalmente, no hubo ni medio sentimiento de tristeza.

Al día siguiente los efectos del soju (bebida alcohólica coreana que se obtiene de la fermentación del arroz u otros granos o tubérculos) contribuyeron a un domingo taciturno. Hay días buenos y días malos, así es esto de las pérdidas. Todos dicen que un día vamos a poder ser amigos de nuevo, yo digo que soy muy terca, y que él es muy terco. Sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, como dice el dicho: “comer y cantar, todo es empezar” (porque citar este otro dicho, que por cierto es muy bueno, no hablaría tan bien de mi juicio: “quien come y canta, si no está loco, poco le falta”).

La bodega parrilla argentina: General Primm 66 | Col. Juárez | Ciudad de México

Promedio de consumo por persona entre $200 y $400 Pesos.

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