Sacrificios dominicales

NOTA: Esta entrada fue escrita como colaboración para el blog de Errr-Magazine: http://errr-magazine.com/sacrificios-dominicales/

El domingo me disponía a visitar con Lucy la exposición de Darwin en San Ildefonso, quedamos de vernos afuera del metro Zócalo, caminamos unos pasos por Moneda, nos distrajimos con un puesto de telas y chácharas sobre la banqueta, caminamos más adelante para ver otros puestos y de pronto estábamos frente a la entrada del Templo mayor. Nos volteamos a ver y con la mirada nos preguntamos mutuamente si queríamos entrar. Un minuto después estábamos haciendo la fila para la revisión de nuestras bolsas. Tenía muchos años que no iba por ahí y aún con las hordas de gente y el sol a plomo me emocionó caminar por los pasillos e imaginar a los arqueólogos descubriendo mediante pruebas químicas las enormes cantidades de sangre que se esparcieron en algún momento en la zona norte del sitio. Y a los sacerdotes aztecas sacando corazones, muy serios ellos, percibiendo y evadiendo estoicos el olor a hierro y óxido. Imaginé que seguramente algún xoloescuincle se habría podido escabullir un día para lamer un poco el piso y agradecí que esa raza no tuviera pelo porque seguramente se hubiera ensuciado mucho con la sangre, pero por suerte el perro salió muy pulcro del templo, solamente dejando marcadas sus huellitas a lo largo de algunos metros.

Horas más tarde decidimos abandonar la visita a San Ildefonso porque nos dio hambre, sed y cansancio. Y a mi además me dio coraje por no haber estudiado arqueología si yo había dicho primero, antes que cualquier carrera, que quería estudiar arqueología.

Teníamos que decidir pronto dónde comeríamos. En mi cabeza había sol, catedral, sed, templo mayor, aztecas, españoles, criollos y de pronto ¡Casino español! Convencí a Lucy y caminamos a Isabel la Católica. En cuestión de minutos pasamos del mundo del sacrificio al del placer. De entrada compartimos una ensalada Alcalá, con jamón serrano tostado, higos, jitomates, mezcla de lechugas, nuez, queso y espárragos. Lucy pidió la paella mixta, riquísima, cuya porción fue bastante generosa, y yo un pescado alcaparrado delicioso que venía sobre una cama de puré de papa con guarnición de salsa de alcaparras (obviamente), jitomates cherry asados, angulas y espárragos. De postre compartimos un pastel de queso manchego con helado que estaba para chuparse los dedos, pero no me los chupé por respeto al xolo que había salido tan pulcro en medio de todo el caos en el templo, ni modo que yo en un restaurante tan limpio anduviera haciendo cochinadas. ¿En qué escala de la evolución me hubiera puesto Darwin de haberme visto lamiéndome los dedos? (Hice la nota mental de que qué bueno que no habíamos ido ese día a ver su exposición).

Pagamos la cuenta antes de que la estudiantina tocara su tercera canción y mientras caminábamos rápido hacia la salida me percaté que los vidrios del casino tienen el mismo bicel que los vidrios de mi preparatoria donde alguna vez dije que sería arqueóloga.

Casino español: Isabel la Católica 29 | Centro | Ciudad de México

Promedio de consumo por persona entre $300 y $400 Pesos.

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