Investigaciones especiales: el caso del ramen adolescente

Me gusta comer acompañada, pero cuando me toca comer sola me entra una especie de espíritu detectivesco que me encanta. Hace ya como tres meses mi querida vecina Mara me recomendó ir a comer a un localito de comida coreana sobre la calle de Río Pánuco. Lo vi por fuera y la verdad es que si no hubiera sido por la recomendación no se me hubiera antojado entrar, sobre todo por el volumen de la televisión, pero también porque no había nadie. Pedí la carta, encontré un menú sencillo con 4 elementos básicos: ramen (fideos en caldo), mandu (los dumplings a la comida china, los pelmeni a la comida rusa, las gyozas a la comida japonesa), kimbap (rollos de arroz, algas y otros ingredientes, parecidos al maki japonés, la diferencia es que el arroz no lleva vinagre sino aceite de ajonjolí) y bokkeumbap (arroz frito).

Mientras esperaba la comida me fui dando cuenta del entorno: las paredes de corcho llenas de Post-its con mensajes de felicitación y amor, lo mismo en español, inglés o coreano para ciertos cantantes que supuse eran coreanos. En la televisión videos a todo volumen de grupos musicales de Corea (siempre que escriba “Corea” me referiré a Corea del sur), algunos con subtítulos, otros nada. A los pocos minutos de estar sentada llegó un grupo de tres adolescentes que se sentó en la mesa de enfrente, mientras platicaban tarareaban la canción que sonaba en la pantalla. Conforme fueron pasando los minutos llegaban más adolescentes. Mi curiosidad creció ¿a caso era un restaurante para adolescentes fanáticos de la música pop coreana? ¿Podía ser eso posible? Corea y la adolescencia, dos de mis más grandes enigmas reunidos en un mismo lugar. Tenía que descubrir el origen de ambos.

A lo largo de todo este tiempo he frecuentado periódicamente el sitio, mi interés aumentó cuando cambiaron el restaurante de locación, lo mudaron a la vuelta, dentro del supermercado coreano “A-Mart” que se encuentra sobre Río Tiber. ¡Nuevo local, más amplio, más Post-its, más pantallas, más volumen, más adolescentes, más platillos en la carta! Las primeras semanas sólo había meseras mexicanas, pero la semana pasada, zaz, por fin mi primer mesero coreano, y no hablaba español. Me sentí más detective que nunca. Algunas veces encontré comensales de las oficinas cercanas, otro día llegó una pareja de ingleses, varias veces han llegado a comer señores coreanos, pero todas las veces el común denominador: los adolescentes.

Casi siempre pido ramen, la base de todos, excepto del de pollo, es un caldo picante (bastante picante) con verduras fileteadas, pasta ramen y el ingrediente de nuestra elección. Mis favoritos hasta ahora han sido el Ramen Mandu (el ingrediente extra son 4 deliciosas empanadas fritas rellenas de carne y vegetales) y el Ramen de la casa (que lleva queso de hebra –queso Oaxaca, quesillo– y aguacate). También son muy recomendables el arroz frito con kimchi (fermento a base de col china con ajo o cebolla, sal y chile molido, a veces puede contener pescado), aunque un poco pesado, no lo voy a negar, lleva huevo frito y ajonjolí hasta arriba, y los kimbap de vegetales (que crujen mucho cuando los muerdes).

Continuando con la investigación les cuento que todas las veces que pedí ramen me lo sirvieron únicamente con palillos, por este motivo asumí que el caldo debía sorberse directamente del plato, aun así, ninguno de los adolescentes lo hacía, todos y cada uno de ellos (lo observé mil veces) se reían mucho y se volteaban a ver entre ellos cada vez que acababan con los alimentos sólidos, luego pedían su plato para llevar. Un día me quedé un poco más de tiempo después de acabar mi comida, sólo para observar cómo ingerían su sopa los comensales coreanos, pero estaban de espaldas y hubiera sido demasiado sospechoso voltear muchas veces.

Hace tres días, sin haber podido comprobar al 100% la técnica para ingerir el caldo, y con el mesero coreano muy cerca, me encontraba metiendo la cabeza en el gran plato hondo. Momentos después de ingerir un sorbo grande vi a unas adolescentes acercarse al mesero, le preguntaron algo y él me señaló, casi me ahogo. Los segundos que transcurrieron hasta que los pubertos llegaron a mi lado fueron los más tensos de mi vida. ¿Habían descubierto mi identidad espía? ¿Había estado comiendo terriblemente mal mi sopa? Yo sudaba. Llegaron muy amables los muchachos a preguntar si yo era la persona que vendía los boletos para el concierto. Me reí durante varios minutos, son las oficinas del club de fans del K-pop en México.

 

The Ramen House: Río Tíber 71 | Colonia Cuauhtémoc | Ciudad de México

Promedio de consumo por persona entre $60 y $90 Pesos.

 

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