El corrido de los cuentos de hadas

El primer recuerdo sobre narcotráfico que tengo es de una compañera en la primaria que me contó la historia de la esposa y los hijos del Güero Palma (si van a buscar a Wikipedia les recomiendo la versión en inglés). Esa tarde regresé a mi casa y no paré de preguntarle a mi papá cosas sobre la vida de los narcotraficantes. Recuerdo que me contó con mucha paciencia sobre los Arellano Félix, el Señor de los cielos, las armas, el oro, los dólares y las casas en una tierra que parecía más bien otro mundo, tan lejos, tan rudo, tan apartado de mi realidad. Cada cierto tiempo, cuando salía en las noticias algo relacionado con el tema, ponía atención y me quedaba horas y horas reconstruyendo los hechos e imaginándome cómo sería la vida de las familias de los capos (y de los gatilleros, y de los músicos de sus fiestas, y de las señoras que hacían la limpieza en las casas de todos ellos). Siempre me pareció un mundo intrigante, fantástico, como de cuento de hadas pero en su versión de suspenso.

Conforme fui creciendo me enteré que en el norte había mucho más que matones y pistolas con diamantes (amigos norteños, ustedes disculparán, imagino que siempre les dicen lo mismo, pero soy de Xalapa, Veracruz, y seguramente ustedes no saben que el gentilicio es xalapeño, no jarocho, y que normalmente no hace mucho calor, que la ciudad está en medio de la montaña. ¿Ven? Es exactamente igual). Cuando descubrí los mariscos sinaloenses (alguna vez ya hablé de esto en el blog) supe que tenía que conocer aquellas tierras un día, y ese día llegó cuando Perla y Barnabé se apuntaron al viaje prometido. Había poco tiempo y debía asesorarme con profesionales para no gastar horas y mordiscos en vano. Ana Laura y Jorge, mis amigos culichis los más buena onda, se lucieron.

Lo primero que hicimos aterrizando fue ir por unos tacos del Güero. La recomendación fue la siguiente: pide asada con tripa, allá no se dice campechano, es asada con tripa, ponle guacamole delicioso y gratuito. Son los tacos de Dios y a Dios le gusta de tripa y de asada. Así lo hice, en efecto una delicia, venían con col y una salsita roja, cruda, muy rica. Además, preguntando por el menú completo, me dijeron que tenían algo llamado pellizcada: tortilla de maíz con asiento de chicharrón (en mi tierra también tenemos así que quise comparar). Me trajeron una tortilla redonda, gruesa, con asiento de chicharrón, verdura (col y cilantro -amo cuando le dicen verdura a cualquier cosa que se coseche y que vaya sobre una tortilla-) carne asada, salsa roja y crema. Para acompañar nos trajeron unos chiles güeros y cebollitas asadas. La cereza en el pastel fue que tenían ToniCol (refresco de vainilla originario de Sinaloa y que en el centro y sur del país sólo se consigue en tiendas naturistas). Después directo a la cama.

A la mañana siguiente nos fuimos directo a La Chuparrosa Enamorada, en Bacurimí, un pueblito cerca de Culiacán. La carta es muy grande y lo mejor es que se pueden hacer las combinaciones que uno quiera. De entrada pedimos un guacamole servido con queso y jitomate, nos lo comimos con unas gruesas tortillas de maíz exquisitas, recién hechas y tortillas de harina también gruesas y un poco tostadas, buenísimas. Mi plato consistió en caldillo de machaca de res (la machaca es carne deshidratada, salada y deshebrada, tradicional del norte de México), es decir, machaca en un caldo a base de jitomate con chile verde y cebolla, lo pedí con huevo ahogado (se echa el huevo al caldo hirviendo para que se cueza adentro), frijoles chinitos (frijoles bayos fritos) con asiento de chicharrón y un taco de ejotes, preparados con ajo, cebolla y chile de árbol. En otro plato había un huevo estrellado, papas con rajas, nopales rancheros (con jitomate y cebolla) y frijoles chinitos. En el tercer plato había dos huevos estrellados (fritos), colachi (un guiso a base de calabacitas, chile verde, tomate, cebolla y queso rallado), frijoles chinitos y dos tacos de frijoles con queso.

Semejante desayuno nos sirvió para aguantar un buen rato bajo el sol de los Jardines del Humaya, el paseo por el jardín botánico y la visita a Jesús Malverde. A medio día nos tomamos un agua de cebada (una pizca de sal el toque de la casa) y una horchata de coco, invaluables.

Temprano en la noche comimos en El Torito, un restaurante de mariscos en Mazatlán, otra atinada recomendación de Ana Laura y Jorge. Ahí les va, pedimos un paté de camarón (a mi me gustó porque tenía mucha mayonesa pero no se si sea para todos los gustos), un molcajete surtido (camarón crudo, camarón cocido, caracol, callo de hacha y pulpo con clamado, pepino y cebolla morada), un aguachile grande (plato típico de la costa del pacífico norte. La base son camarones cocidos al jugo de limón, servidos con pepino y cebolla morada, este no tenía chile, se le ponía al gusto), un plato grande de callo de hacha (servido igual que el aguachile), unos chiles torito (chiles güeros rellenos de camarón cubiertos con una salsa a base de soya y limón) y unos tacos torito (tacos de pescado ¿o eran de camarón? ¡No me acuerdo! Bañados en salsa de chipotle). Había dos salsas caseras para acompañar los platos, la verde muy perfumada con chiles serranos, apio, tomate y cebolla; la roja de chiltepín. Con nuestras respectivas micheladas fuimos felicidad pura.

Aunque no fue con nosotros al viaje, Eunice se merece una mención honorífica porque nos mandó al mejor hotel del puerto, el Belmar. Tengo otro amigo que no se merece mención porque me dijo que fui a hacer turismo hipster a Sinaloa, pero a él le quiero decir que seguramente no me entiende porque de niño no pasó días enteros haciendo planos y maquetas mentales de las casas de los narcos, llenas de herrería dorada, pisos tan blancos que deslumbraban, cisnes de porcelana, fuentes de dos pisos, salas llenas de portarretratos de primeras comuniones, bodas y bautizos, juegos inflables para los niños, baños con jacuzzi y cinco bares repartidos en los tres niveles (¿les gustó la casa?). Tampoco ha seguido el juicio Zambada Niebla y seguramente no ha leído las historias de bodas en la sierra sinaloense amenizadas por los Canelos de Durango, con invitados de lujo que llegan en avionetas. No le gustan los cuentos de hadas, es un aburrido.

NOTA: En Sinaloa le dicen “tomate” a lo que yo nombro “jitomate”.

 

Tacos El Güero: Las Quintas | Culiacán | Sinaloa

Promedio de consumo por persona entre $50 y $80 Pesos.

 

La chuparrosa enamorada: Entre la vía del tren y el canal | Bacurimí | Sinaloa

Promedio de consumo por persona entre $170 y $200 Pesos.

 

El Torito: Rotarismo 324 | Mazatlán | Sinaloa

Promedio de consumo por persona entre $280 y $350 Pesos.

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2 Respuestas a “El corrido de los cuentos de hadas

  1. Me gustan los cuentos de hadas corridas jeje.
    sólo un par de notas: el Toni Col ya lo venden en muchas tiendas y hasta en envase de a dos litros.
    lo otro, las fotos tienen filtro o es la luz del interior? no has probado con un filtro más cálido?

    • Lo que me gustó del ToniCol fue que lo venden en las taquerías 😉
      Las fotos son sin filtro con un rollo que hace mucho contraste y como casi todas las tomé de noche y la cámara del iPod toma fotos muy malas con poca luz son un desastre. Lo que odio de los filtros cálidos con Hipstamatic es que tienen marco y justo quería las fotos sin marco.

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