Estado emocional: playa

Después de algunos problemas de salud, a finales de diciembre supuse que la forma más rápida para recuperarme tanto física como emocionalmente era un viaje a la playa. Renuncié la comida de fin de año con mis amigos de la vida y me dejé consentir por Morena y Sandra. Después de doce horas en carretera, que incluyeron un paro de dos horas (los pobladores de Mechoacán, Oaxaca exigían nuevas elecciones en su comunidad), nos metimos por equivocación en un camino de 30 kilómetros de terracería, se nos estaba haciendo de noche pero preferimos seguir que regresar a la carretera sin luz. En el fondo tenía muchas ganas de alejarme lo que más se pudiera del mundo, por lo menos de mi mundo. Lo estaba logrando, sin señal de celular (que para mi eso es la mitad del mundo), llegamos a una playa en la que el sol se oculta en el mar a pesar de estar en el Océano Pacífico. Hacía 14 años que había estado ahí pero había olvidado el fantástico espectáculo.

No se si a ustedes les pasa lo mismo pero a mi me toma un día (tal vez un poco más) entrar en el ritmo de la playa, donde el tiempo pasa de otra forma, no se bien cómo explicarlo. Mis días se vaciaron de frío, médicos, familia y asuntos del corazón, y transcurrieron entre páginas llenas de arena, bloqueador, plancton, desconocidos con los que hablaba, encuentros casuales con amigos (medio D.F. estaba ahí), sol, uno que otro temblor, más páginas llenas de arena y mucha, muchísima comida.

El doctor me dio instrucciones precisas de no manejar, no cargar, no meterme al mar si había mucha corriente, descansar mucho y comer sano. Intenté hacer todo lo que me dijo pero, como siempre, no pude cumplirlo al 100%, manejé poco, cargué poco, nadé poco, descansé mucho y comí todo lo que me pasó por enfrente, que no era poco. La cantidad de comida que circula por la playa en Chacahua es impresionante, narraré lo que me pareció más interesante.

1. Ostiones (Crassostrea) recién sacados del mar, con limón. Es cuestión de que uno se siente a leer sobre su pareo, que pase el pescador a ofrecerlos y pidas una docena que llegará en cuestión de minutos hasta tu libro lleno de arena (y de limón al terminar las ostras). El limón que sirven es un poco más naranja y dulce por dentro, la cáscara es verde pero más delgada.

2. Las pescadillas de Cerro Hermoso (la playa más cercana, a 20 km de dónde nos quedábamos). Los habitantes de Chacahua me odiarán por escribir esto pero las pescadillas de la competencia estaban para chuparse los dedos. El relleno era un picadillo de pescado (no se si los expertos podrían llamarle “minilla”) cocinado en el fuego mucho tiempo con cebolla y jitomate, los ingredientes estaban completamente mezclados entre sí. A diferencia de las pescadillas de Chacahua, las de Cerro Hermoso eran más como tacos dorados, dobladas por mitad (las otras son más bien como empanadas) servidas con ensalada. Por suerte no llevaba mi libro, si no no se cómo hubiera acabado.

3. Empanadas de plátano. Eran una especie de masa de buñuelo en forma de tortilla doblada por la mitad, rellena de plátano macho (Musa balbisiana), fritas y cubiertas con azúcar. Simples y deliciosas, crujientes por fuera y suaves por dentro.

4. Algo que podríamos llamar Ceviche de camarón en salsa, receta de Perla y la señora de la palapa Yacky, con el toque de Barnabe. Consistió en camarones cocidos en una salsa muy picosa de limón y el chile que crece en la cocina (olvidé preguntar el nombre, ustedes disculparán, andaba en otro ritmo), con un poco de mezcal, servido con tostadas.

5. Los huevos rancheros de Janela. Huevos estrellados con 5 tortillas fritas abajo bañados en una salsa roja que no lleva cebolla pero sí mucho ajo.

6. Finalmente mi delirio, los tamales de tichinda (mejillones –Mytilidae-). La masa conservaba cierta textura del maíz (un poco como la del zacahuil), con chile rojo (el cual entinta la masa) y ajo, rellenos de mejillones en su concha, envueltos en hoja de maíz. Con el calor las conchas se abren un poco adentro de la masa y sacan sus jugos, mientras vas comiendo el tamal va saliendo líquido de ellas, a veces puedes chuparlo directo de la concha. De los tamales más ricos que he comido en la vida. Diego nos pasó el tip de que los del señor de la carretilla eran los mejores.

El regreso a la realidad fue un poco duro con algunas malas noticias, una recámara fría y el inminente final de unas largas, maravillosas y espectaculares vacaciones en las que viajé mucho y las cuales extrañaré durante el 2014.

 

Chacahua, Oaxaca

Docena de ostras $50

Empanada de plátano $5

Ceviche de camarón en salsa $No me acuerdo

Huevos rancheros $35

Tamales de tichinda $5 al principio | $7 al final

 

Cerro Hermoso, Oaxaca

Orden de pescadillas (con coco incluido) $35

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3 Respuestas a “Estado emocional: playa

  1. Mmm… this looks so good. I love eating seafood at the beach! And tamales and huevos rancheros. You can’t get either of those things in Berlin. Hope you are feeling better!

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