Comida en casa

Aunque suelo comer en mi casa siempre que puedo nunca escribo sobre ello porque no pretendo que este blog se vuelva un recetario. Sin embargo, esta semana haré una excepción porque Bianca y yo cocinamos algunas cosas ricas para un brunch al que invitamos a nuestros amigos Agnès y Chimi. Nos encanta cocinar y siempre estamos buscando el pretexto para prender el horno y la estufa, pero además tenemos una empatía especial por esta pareja así que no escatimamos en preparativos.

Desde el día anterior nos fuimos en bicicleta al Citymarket para buscar los ingredientes. La idea de llegar rodando era no poder comprar demasiado (porque ya nos conocemos).

El menú consistió en un pan de arúgula con nueces y tocino, roast beef (al que renombramos roast beef vendado. Platillo de carne inglés que consiste en un lomo de res sin hueso horneado con algunas hierbas. Ya cocido se sirve rebanado y acompañado tradicionalmente con una salsa espesa); ensalada Na’ama’s fattoush (llamada también ensalada árabe, ensalada picada o ensalada israelí, lleva jitomate, pepino, rábanos, cebolla, ajo, menta, yogurt, aceite de olivo, jugo de limón y vinagre); tarta de mandarina con ricota y para beber agua de jamaica egipcia.

Nos gusta leer recetas para poder cambiarlas, así que, por ejemplo, Bianca combinó dos para hacer la tarta. También improvisó con el roast beef, no encontramos hilo para amarrarlo así que lo sustituyó por una venda (la cual quitamos antes de que llegaran los invitados para no asustarlos con el estilo momificado del platillo), también le agregó mucho ajo y no hizo la salsa espesa para acompañar. Para el pan de arúgula cambié los piñones de la receta original de Yvette Van Boven por nueces (son más baratas) y le agregué, por recomendación de Florette, un poco de cachete de cerdo curado que teníamos en el refrigerador. Bianca cambió el yogurt de la ensalada por jocoque y no le pusimos ajo para no hacerla tan pesada. Para beber preparé  agua de Jamaica como me enseñó Mohamed, con un poco de té de jazmín y agua. Los invitados llevaron un pan muy rico que al final acabamos comiendo con pura mantequilla.

Comimos y hablamos mucho. La sobremesa se alargó durante horas mientras conversábamos y reíamos sobre la vida, la locura, la mentira, la maternidad, sobre personajes e historias fantásticas, como la de Hélène Castel (de quien no sabíamos que habíamos leído por nuestro propio lado en el pasado). Después de varias semanas de estrés, cansancio, un poco de tristeza, dudas, nostalgia y enojos, la celebración de la comida y la cocina me devolvieron el ánimo (hasta para escribir). Que vengan muchas comidas como esta.

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2 Respuestas a “Comida en casa

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