Café 123 (uno-dos-tres)

Existen cuatro acepciones de la palabra tolerar en el diccionario de la Real Academia Española:

1. Sufrir, llevar con paciencia.

2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.

3. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.

4. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Me sorprendí pues a pesar de que mientras las leía concordaba con la idea que tenía de la dichosa palabrita me di cuenta de que, en cierta medida, la cuarta acepción es opuesta a las tres primeras pues es bastante más neutra que las otras, las cuales se viven con pesar. Me surgieron entonces algunas preguntas ¿De qué forma vivimos la tolerancia en nuestra vida cotidiana? ¿Siempre es bueno tolerar? Hay muchos ejemplos recientes de colectivos que no toleran su condición, como las autodefensas ciudadanas en Michoacán, o los maestros que se encuentran el día de hoy protestando aquí en la capital. Pero como individuos ¿qué tanto toleramos? ¿toleramos?

Mientras caminaba por los pasillos del MUNAL, grises, imponentes, casi marciales, pensé que tal vez la tolerancia debe ir acompañada de paciencia para que funcione. Pero últimamente carezco de paciencia… En esas estaba cuando me llamó mi amigo Álvaro para que comiéramos, le impuse chiles en nogada, me sugirió Café 123. Cuenta hasta diez, pensé. Me convenció porque además de que tenía curiosidad por conocer el lugar desde hacía mucho, me contó que los de La especial de París hacen helados por encargo para ellos. Había escuchado que durante un tiempo el lugar fue la bodega de los muebles del Mog (restaurante de comida asiática en la colonia Roma) y después se convirtió en cafetería y restaurante que ofrece emparedados. Llegamos y con gusto descubrimos que la carta se amplió a platos más elaborados, todos los cuales van acompañados de sopa del día o ensalada.

Sin embargo, yo iba con la idea de probar un sándwich así que pedí el kakuni, emparedado de costilla de cerdo marinada con sake y soya, lechuga, negi -un tipo de cebolla japonesa- y delicioso karashi -mostaza japonesa hecha a base de semillas de Brassica juncea– sobre pan integral. Los sándwiches van acompañados de sopa del día y ensalada así que pedí la sopa yasai con caldo, pimientos, champiñones y jengibre, de sabor delicado. Cambié la ensalada por una del nuevo menú llamada Yam Soo, ensalada tailandesa de camarones, toronja, cilantro y cebolla morada frita con aderezo de ajo, limón y salsa de pescado. La combinación de lo ácido del limón y la toronja con lo dulce del camarón y la toronja (sí, de nuevo), lo salado de la salsa de pescado y el factor sorpresa del cilantro hicieron de esta ensalada mi favorita en mucho tiempo. Como siempre, probé del otro plato: Chinyao, carne de res marinada en vino chino y especias, salteado con ejotes chinos (más largos que los que se encuentran habitualmente en México) y chile con un gusto fuerte y delicioso a humo que va acompañado de un plato de arroz al vapor. Las bebidas fueron sodas caseras de toronja y ginger (una especie de chai convertido en soda), muy recomendables. Y finalmente el postre: helado de camote cremoso, dulce, delicioso; nieve de shiso (hierba de la familia de la menta utilizada en al cocina japonesa) y betabel (o remolacha), no supe dónde quedó el betabel porque la nieve era color verde muy clara, casi blanca, un sabor nuevo para mi; y Khao Niao Mammuang, postre tailandés que tradicionalmente lleva arroz pegajoso, mango y leche de coco pero en el 123 lleva una bola de helado de mango sobre una capa de arroz al vapor cubierto de crema de coco, simplemente delicioso.

Después de una buena platicada concluimos que lo ideal sería poder vivir la tolerancia como en la cuarta acepción, pero que por suerte existen la uno, la dos y la tres sin que se deje de llamar así.

Café 123: Artículo 123 #123 | Col. Centro | Ciudad de México

Promedio de consumo por persona entre $150 y $200 Pesos.

NOTA: Abren de lunes a domingo y no aceptan tarjetas. Tienen un espacio para exposiciones.

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2 Respuestas a “Café 123 (uno-dos-tres)

  1. No sė si te creerás que la calle art.123 es mi preferida de la Ciudad de México, con todas sus tiendas de repuestos de aparatos de cocina y tambores para lavadoras. Siempre bulliciosa. De repente, puedes encontrar una carreta tirada por un burro y cargada con un refrigerador descompuesto.
    ¿Tolerar? Si te fijas bien, la acepción # 4 de la definición tiene trampa y aunque pone respetar, está diciendo a voces que el verbo realmente correcto sería aguantar. Tolerar no tiene nada que ver con el respeto. Por respeto dejas de frecuentar a un amigo con el que ya no coincides. Apelando a la tolerancia le continuarías tratando de la manera más hipócrita. Es un verbo falso que enmascara tanto a la persona que lo utiliza como hacia la que se utiliza. Deberíamos desterrarlo de nuestro vocabulario y buscar términos más concretos y sinceros, aunque puedan resultar más comprometidos y dolorosos.

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