The Wild West | Parte 1

Hay momentos en la vida en que las cosas son un verdadero caos, nada sale, nada embona. Hay otros momentos, la mayoría, en donde las cosas marchan, suceden según lo planeado, con días buenos, otros regulares. Pero hay otros ciertos momentos no tan comunes, en los que extrañamente todo cuadra, son fugaces por lo que intentamos disfrutarlos mucho, el tiempo que duren. Uno de estos preciados momentos apareció hace unas cuantas semanas, un viaje inesperado a un bosque encantado.

El trayecto fue largo. Durante la segunda escala en el aeropuerto de Chicago, con varias horas por delante antes del siguiente vuelo, comenzamos la búsqueda de comida sin ninguna pretensión de encontrar algo demasiado bueno. Caminamos de la terminal 2 a la 3, pasamos frente a Chilli’s, McDonald’s y similares. De pronto apareció un local de tortas, lo dudamos un poco, ¡¿Tortas en Chicago?! Pero el menú no se veía mal, y la torta de hongos asados al ajo estaba bastante buena, servida en un pan blanco denso, con costra crujiente, llevaba hongos (en la carta decía cremini, oyster y shitake pero no los supe diferenciar en la boca) queso de cabra, frijoles refritos, arrúgala, chipotle y rajas de chile poblano. Tenía un poco de sabor a limón al final, extraño ¿lo usarán como conservador? La salsa roja que venía a parte no estaba muy buena. El resumen fue una comida decente en un aeropuerto ¡difícil de creer pero cierto!

Al día siguiente, en Jackson Hole, Wyoming, salimos junto con Wild Cherry a hacer las compras para el campamento que nos esperaba. A medio día hicimos una parada para comer el lunch en el Million Dollar Cowboy Bar: Hamburguesa de reno con queso azul. El sabor de la carne es fuerte y nos pareció buena combinación con el queso, el cual ayudaba a matizar el sabor en la boca. Las bebidas fueron de una cervecería local, Snake River. Fue un gusto encontrar que hay muchos productores locales de cerveza en la zona.

Un día después salimos rumbo a Yellowstone, el primer parque nacional de Estados Unidos (1872), donde se encuentra más del 50% de los géiseres de todo el mundo, hábitat de osos negros y grizzlies, lobos, bisontes, renos, alces, venados, águilas, coyotes, marmotas, castores, etc.

El camino desde Jackson es un ensueño, recorre paralelamente las montañas Teton (ajá, así se llaman) a través de un valle lleno de bisontes. Ya en el parque hicimos un picnic frente al lago Yellowstone, alimentamos indebidamente a las ardillas y a las gaviotas y seguimos nuestro paseo. Después de innumerables letreros, advertencias, señales y avisos, llegamos al campamento e instalamos la tienda de campaña con la idea de que nos comería un oso esa misma noche. De todas maneras seguimos las instrucciones y dejamos toda la comida y el agua en los contenedores especiales. Más tarde descubrimos con mucho gusto que Campbell’s tiene unos paquetes de curry deliciosos, ideales para campamento. Nuestra primera cena fue curry verde tailandés con pollo envasado al vacío, nuez de la india orgánica y de guarnición quínoa al vapor (planta de la familia de las amarantáceas, se pueden comer sus granos cocidos o en forma de harina), bebimos cerveza local y de postre cerezas frescas, un manjar.

Los días siguientes no dimos crédito de las maravillas de la naturaleza que vimos a lo largo de los caminos llenos de japoneses tomándose fotos en medio de vapores hediondos, adolescentes insoportables a las 2 am, gordos con bastones que sudaban litros, familias con ocho hijos, tiendas de regalos, baños con calefacción, estacionamientos llenos, pescadores guapos, ciclistas guerreros, vecinos del Ku Klux Klan, miles de casas rodantes y millones de letreros recordándote lo peligroso que es salirse de los límites. En medio de esa locura se imponen ríos de ácido, volcanes de lodo, huellas de animales, renos descansando, osos comiendo flores, géiseres estallando, ojos de agua, ríos cristalinos, árboles quemados, rosas silvestres, cascadas, ardillas que te roban la comida, cielos estrellados, amaneceres hermosos, bisontes atravesando la carretera, nidos de águilas y a Wild Cherry interpretando a tu lado El cóndor pasa mientras manejas al borde de un acantilado.

Tuvimos dos inconvenientes principales, el primero fue soportar los ataques de los moscos infernales que no se estaban quietos a ninguna hora del día ni se detenían a pesar del repelente y los pantalones. El segundo, con el que más sufrimos, fue ver a nuestros vecinos de los campamentos haciendo deliciosos BBQ cada noche y aguantar las ganas de robarnos un pedazo de costilla asada.

Finalmente, a pesar del bullicio de los turistas y las hordas de gente logramos escabullirnos para contemplar en silencio la naturaleza, que tiene otro ritmo muy distinto del que vivimos normalmente, con olor a zorrillo y a bisonte, con ataques de moscos asesinos, pero que son parte de ese bosque encantado y maravilloso que se llama Yellowstone.

Para nuestros futuros campamentos preparamos junto con Wild Cherry un decálogo que ponemos a su disposición en caso de que se sienta perdido:

  1. Llevarás repelente por sobre todas las cosas.
  2. No desperdiciarás agua en vano.
  3. Santificarás los asados.
  4. Honrarás a tu tienda o a tu camper.
  5. No matarás nada que no te vayas a comer.
  6. No te bañarás en el río sin jabón biodegradable.
  7. No robarás la comida de tus vecinos.
  8. No dirás falso testimonio cuando te multen en el parque.
  9. No consentirás que los del Ku Klux Klan te pidan tu pasaporte.
  10. No codiciarás el camper y las comodidades de los otros.

Tortas Frontera by Rick Bayless: Aeropuerto Internacional O’Hare | Terminal 3 | Chicago, Illinois | Estados Unidos

Promedio de consumo por persona entre $12 y $17 Dólares

Million Dollar Cowbow Bar: 25 N Cache St. | Jackson, Wyoming | Estados Unidos

Promedio de consumo por persona entre $17 y 22 Dólares

Cena de camping: Parque Nacional de Yellowstone | Wyoming | Estados Unidos

Promedio de consumo por persona entre $7 y $10 Dólares

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4 Respuestas a “The Wild West | Parte 1

  1. La clave de que los seres humanos no lo hemos hecho bien y hemos sido incapaces de entender, como grupo, los ritmos de la naturaleza. Una verdadera pena.

    • Comparto en parte tu opinión, tal vez una de las soluciones es transmitir que existen otros ritmos y otros tiempos, aunque cuesta trabajo hacerlo en medio del caos citadino.

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