Lo que el humor nos permita

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La relación entre lo que comemos y el estado de ánimo es indiscutible. No todos los días hay algo que destacar respecto a lo que comemos, menos cuando el ánimo anda por los suelos y las hormonas por las alturas. A pesar de que hoy fue justo uno de esos días, vale destacar que el alimento (realmente no sabemos si se le pueda llamar así porque su aporte nutricional es bajísimo) que dominó la ingestión del colectivo fueron las palomitas de maíz.

Tres veces en un sólo día merece un apunte. A media mañana se abrió un paquete de ACT II de mantequilla. No sabemos si es que ya no las hacen como antes, o que el microondas ya está medio viejo, pero faltaron muchos granos por abrir y otras palomitas se quemaron. El paquete bajó pero no subió el ánimo de nadie. En la tarde, dentro de la sala de cine, la caja grande de las palomas de mantequilla se acabó muy rápido, posiblemente fue que las rosetas estuvieran más frescas que las anteriores o que el Fausto de Aleksander Sokúrov haya mantenido en tensión al colectivo. Finalmente, regresando a casa, y ya sólo por curiosidad, prepararon unas palomitas de forma tradicional en la olla, con aceite y un poco de mantequilla y sal. Quedaron buenas pero la grasa y los químicos de las de Cinemex se llevaron el premio. Recomendamos pedir la mitad de las palomas saladas y la otra mitad con palomitas dulces para revolverlas en la boca.

Por andar metidos en nuestros propios rollos nos enteramos hasta muy tarde que para el resto del mundo el platillo más popular del día fue la choripapa. Estaremos al pendiente de esa receta, la cual, la verdad, no se ve nada prometedora.

Buena noche.

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3 Respuestas a “Lo que el humor nos permita

  1. Yo amo a las palomitas! A mi me encantan caseras con nutrional yeast y salsa de soya en lugar de sal mmm.. y en realidad si son nutritivas, tienen proteínas y antioxidantes. ay me invitan unas pa la próxima

  2. Yo ví el Fausto de Sokúrov, hace justamente un año, en México, aquello me pareció aburridísimo y me quedé profundamente dormido. Quizás un cesto de palomitas hubiera conseguido mantenerme alerta y en tensión como al colectivo

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